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Astrología: como es arriba, es abajo

El concepto de una cosmología viva y conectada proviene de la corriente filosófica del hermetismo, de la cual, la astrología asimila sus principios con naturalidad. Esta corriente filosófica y espiritual se basa en una colección de textos atribuidos a Hermes Trismegisto, una figura enaltecida para el conocimeinto alquímico, que une en su nombre al dios griego Hermes (Mercurio) y al dios egipcio Thot, ambos vinculados a la palabra sagrada y la sabiduría universal. El hermetismo emergió entre los siglos I y II d.C., en un momento de gran movimiento filosófico, se consiguió realizar una síntesis de saberes antiguos reinterpretados bajo nuevas visiones espirituales.


Así como los símbolos astrológicos se han integrado poco a poco en la cultura —al punto de volverse casi imperceptibles—, las ideas herméticas también han impregnado el pensamiento occidental, especialmente durante el Renacimiento. Filósofos como Marsilio Ficino valoraron profundamente estos textos, conocidos como literatura hermética, los cuales expresan la noción de una prisca theologia: la creencia en una sabiduría divina primordial presente en todas las religiones, revelada directamente por la divinidad a la humanidad. Dentro de esta cosmovisión, la astrología no surge como una práctica separada, sino como una expresión de esa antigua teología.

Como es arriba es abajo

Uno de los pilares del pensamiento hermético, y también de la astrología, es la llamada ley de correspondencia, resumida en la célebre frase “como es arriba, es abajo”. Esta idea, que tiene ecos en distintas tradiciones filosóficas —desde Pitágoras hasta Eliphas Lévi—, encuentra su formulación más conocida en la Tabla Esmeralda, un texto árabe escrito entre los siglos VI y VIII, cuyo origen se asocia simbólicamente al Egipto antiguo. Allí se afirma: “Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para obrar los milagros de una sola cosa”.


Este principio, también llamado doctrina de las correspondencias, plantea que todo en el universo está interconectado por afinidades invisibles. Cada elemento material tiene un reflejo espiritual, y nada existe en el plano físico sin un vínculo sutil con una dimensión más elevada. En astrología, esta visión es esencial: los cuerpos celestes no solo se mueven por el cielo, sino que emiten cualidades energéticas que se manifiestan en la vida humana y en la naturaleza.


Para comprender esta visión, es necesario salir del marco mecanicista y recuperar una percepción mágica del universo. Aunque muchas personas consideran que esto es una exageración, lo cierto es que implica adoptar una cosmología diferente, donde el mundo no es una máquina fría, sino una totalidad viva y animada.

Como es arriba es abajo, astrología, zodiaco

Astrología: como es arriba, es abajo: el anima mundi


Los antiguos filósofos y los hermetistas del Renacimiento concebían la naturaleza como un ser vivo, profundamente interrelacionado, animado por una fuerza invisible que los neoplatónicos llamaron anima mundi, el alma del mundo. Para ellos, lo divino no estaba separado de la materia: fluía a través de ella, la habitaba. Todo estaba lleno de espíritu.


Una forma de visualizar mejor este pensamiento es a través de la alquimia, disciplina hermana de la astrología, especialmente en su noción de la piedra filosofal. Este símbolo alquímico representaba tanto un objeto físico capaz de transmutar metales como una metáfora de la realización espiritual: la unión perfecta con lo divino. Algunos alquimistas sostenían que esta piedra era un regalo sagrado entregado directamente a la humanidad. En su interior residía una fuerza que, aún hoy, solo podemos nombrar como “mágica”. Estudiar estas propiedades ocultas formaba —y sigue formando— parte del camino alquímico.

Como es arriba es abajo, microcosmos y macrocosmos

De forma análoga, la astrología sostiene que cada planeta contiene una cualidad o energía propia, que resuena con ciertos elementos de la naturaleza —como minerales, plantas o partes del cuerpo humano—. Estas asociaciones no son casuales, sino parte de una red de correspondencias que ha sido estudiada por filósofos y místicos a lo largo de los siglos.


El académico Bruce MacLennan, en su obra Neoplatonism in Science: Past and Future, retoma las ideas del ocultista renacentista Cornelius Agrippa y afirma que los planetas y las estrellas no son masas muertas flotando en el espacio, sino fuentes de movimiento, vida y conciencia. En esta visión, el cosmos no es una estructura inerte, sino una totalidad viva, con alma, cuya sabiduría puede leerse a través del arte de la astrología. Bibliografía: Andrea Richards (2020), Astrología. La Biblioteca de Esoterismo, Taschen.

 
 
 
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